Una tarde en Porto, la mejor tienda especializada en Wargames de Las Palmas de Gran Canaria, estaba yo en la trastienda y dos personas me abordaron, Yarovit y Pedro. Yarovit me comento lo del proyecto de Bailen y me pidio que si queria participar; yo le comenté que los napoleónicos no me atraían, y el insistió y me comento que solo necesitaban ayuda para realizara la mesa de juego y la escenografía (los dos conocían mi pasión por la escenografía y mis habilidades). Eso me atrajo como proyecto, y les dije que siendo así podían contar conmigo. Yarovit me dijo que ya hablaríamos del tema, yo insistí en como querían que fuese la mesa su volumen, etc., y quedamos que otro día nos reuniríamos para comentarlo. Yo empecé a darle vueltas en la cabeza a como hacer las montañas famosas de Bailen y sobre todo como hacer para que las miniaturas se sostuviesen en la ladera de las montañas.
Pasado el tiempo una noche de Domingo después de las I Jornadas Portolúdicas, y de ayudar a trasladarlo todo a la tienda, Pedro nos invitó a cenar a su restaurante chino favorito, el Shangai. Cenamos y Yeray y Yarovit nos deleitaron con sus conocimientos históricos de Napoleón y sus campañas por Europa y sobre todo por España.
La verdad es que la cena me supo. Había un ambiente agradable, hasta a mi hija que nos acompañó se lo pasó bien con las anecdotas familiares que le contó Pedro. De esa cena salió una fecha para reunirnos y hablar de como sería la mesa de juego. Eso a mi me emocionaba. Estuve pensando y documentándome con mapas de la zona de Bailen, sobre todo de la orografia de la epoca, por cierto bastante difíciles de encontrar.
Por fin llegó el Viernes, yo todo dispuesto a dar mis ideas ya preconcebidas, y cuando llego a Porto, lugar de la reunión, veo a Yarovit y Pedro con libros, miniaturas, pueblos de resina, trozos de corcho, fotos de mesas de juego...
"Álvaro queremos algo así" me dice Pedro, yo seguro de mi mismo le respondo - "OK" - acongojado estaba yo, pero no pasa nada, puedes hacerlo, pensé, a pesar de que la idea que yo llevaba no se parecía en nada a lo que ellos querían. Me enseñaron algunas fotos de como era el pueblo y de sus alrededores, y decidimos como iba a ser la mesa y la distribución del terreno y sus cotas máximas. Al rato de divagar se oye una frase que dice: ¡Vamos a Leroy Merlin a comprar la madera!, y en menos que canta un gallo nos vemos en el Yaromovil de camino al centro de bricolaje.
Por el camino me comentan que por que no jugaba con ellos la batalla de Bailén. Yo les comenté que ese era su proyecto, que sólo me comprometía con ellos a ayudarles a realizar la mesa con mi mano de obra súper barata (dos bocatas y refrescos). Pedro me dijo que necesitarían ayuda para el día de la batalla, que ellos solos no podrían con todo, y que ellos se encargarían de pintar y conseguir cada uno su ejercito, pero que ello no quitaba para que les echara una mano a jugar. Visto así les dije que no me importaba, que contaran conmigo y con mi tiempo.
Entre conversación y conversación llegamos al destino marcado. Entramos en el almacén gigante y nos dirigimos a la sección de maderas, miramos la que mejor nos convenía y encargamos que nos la cortasen, paso algo cuando estábamos esperando el corte de la madera, nos vimos observados por la gente de alrededor con unas caras un poco desencajadas por parte de los observadores... ¡pero bueno, esa es otra historia que otro día os contare! (eñinnn-chiawnnwinnggg).
Una vez cortada la madera pasamos a los listones, tornillos, cola...etc. Lo gracioso fue ver la cara de Pedro como le cambio según entramos al comercio y como le cambio al salir, y sobre todo como es capaz de convertir un acto sencillo, como es el de ir a buscar un carrito para transportar las cosas, en un acto de sufrimiento castigo y tormento, ¡vaya un vía crucis!, y si tiene que ir dos veces por que la moneda no es la adecuada pues imagínate a ese pobre muchacho con cara de sufrimiento y desgana....¡pero bueno, esa es otra historia que otro día os contare!
Salimos de allí para alegría de Pedro y nos fuimos a comer porque algunos lo necesitaban. Por allí cerca hay un Mac de esos de comida americana, nos tomamos unos Mac-yoquese y sus menús, comentamos cosas y nos dirigimos de nuevo a Porto a buscar nuestras cosas que estaban allí antes de cerrar la tienda. Llegamos justos y llevamos a Adolfo a su casa (Adolfo es quien lleva la tienda, un crack en conocimiento de juegos y de estrategia ¡Dios se la conserve!). Otra odisea lo de llevarlo a la casa, ustedes imagínense ese coche Ford Fiesta llamado Yaromovil, con Yarovit, Pedro, Adolfo, yo, listones de 2m., maderas de 60cm x 70cm, etc. en plenos carnavales, lleno de policías y el coche hasta la bandera.....¡pero bueno, esa es otra historia que otro día les comentare!.
Habíamos quedado para el Domingo a las 11:00h de la mañana, todos puntuales... ¡Pero bueno, esa es otra historia que le comentare en el próximo post!,
En definitiva, es así como me vi envuelto en un proyecto napoleónico llamado Bailen.